¿Volver a Raymond Williams?

En este 2017 se cumplieron sesenta años de la primera edición de The Uses Of Literacy de Richard Hoggart; y en 2018 se cumplirán también seis décadas de la publicación de Culture and Society de Raymond Williams. Para completar la serie debemos nombrar a The Long Revolution (1961) también de Williams y The Making Of The Working Class (1963) de E. P. Thompson. Textos que Stuart Hall denominó como seminales para la conformación de los estudios culturales ingleses.

Este año tuvo lugar la publicación por primera vez en español de las conferencias dictadas por Stuart Hall en la Universidad de Illinois en 1983[1] y que significaron, además de un repaso y una discusión abierta sobre la obra de los tres padres fundadores, la introducción de los estudios culturales ingleses en Estados Unidos. En este marco, y luego de la superación del momento histórico de emergencia de estos textos, nos preguntamos si podemos acudir a estas conformaciones conceptuales clásicas para pensar fenómenos propios de los procesos de mediatización contemporánea.

Creemos que la respuesta es afirmativa sólo si comprendemos que parte de la rigurosidad conceptual y metodológica para abordar objetos de estudio de estas características tiene que ver, justamente, con nuestra capacidad de comprenderlos y adscribirlos en su conformación histórica, móvil y relacional, presente en una historia de la mediatización que tiene vinculación a la historia cultural.

Aquí tomaremos algunos fragmentos de La Larga Revolución de Williams para interrogarnos sobre la manera de pensar los objetos culturales propuesta por el autor galés. Y también su aporte a un modelo para elaborar una historia de los medios, consciente de que la relación entre géneros y formatos, entre contenidos y materialidades, entre lo popular, lo masivo y lo restringido nunca se define de manera totalmente nueva. Por el contrario, dicha relación recupera, reconstruye, reinserta en el presente formaciones más antiguas.

Para Williams los elementos culturales tienen una naturaleza cambiante dada por su contexto histórico. Por ejemplo, elementos considerados actualmente como pertenecientes a la alta cultura, fueron, en otro momento, calificados como parte de la cultura popular o baja: “Por un lado debemos recordar que dos formas condenadas en su época como bajas y ociosas –el teatro popular isabelino y la novela de los siglos XVIII y XIX- están hoy abundantemente representadas en nuestra literatura canónica” (Williams, 2003: 169).

También los diversos soportes van conformándose muchas veces como contenido de otros. El autor repasa el caso de los “chapbooks, panfletos, opúsculos o baladas” que eran considerados como lecturas efímeras e implicaron “el traslado de las diversiones tradicionales populares al mundo impreso” (Williams, 2003: 159).

Esa transferencia y recirculación de contenidos de otros medios se puede percibir actualmente  en el campo digital con la reapropiación de escenas, gags, frases y sonidos de producciones clásicas de la cultura de masas. Estas son resemantizadas componiendo un pliegue del sentido entre la recomposición y la apelación a una memoria mediática común y a una red semántica actual.

Al estudiar la producción y el consumo de contenidos visuales y audiovisuales que se hace por fuera de la profesionalización propia de los medios tradicionales, podemos encontrar antecedentes ligados a la primera etapa de la radiofonía nacional. Esto implica una circulación de saberes que se puede desdoblar, entendemos, en el conocimiento de la técnica (Know how) propio de aquello que Beatriz Sarlo (2004) registró en los primeros radioaficionados que construían sus aparatos y, por otra parte, en un saber más de orden genealógico. Saber que recupera una memoria mediatizada fuertemente marcada por una experiencia de vida centrada en relación con productos de los medios masivos (cine, series, TV fundamentalmente).

En esta segunda instancia de los saberes, podemos entender la recuperación en forma de memes, GIFs, u otros formatos visuales y audiovisuales, de escenas clásicas del cine, la TV, series, publicidades u otros productos masivos[2] propios de la etapa del broadcasting[3].

El desarrollo del crecimiento de la prensa popular en Inglaterra desde fines del siglo XVII y comienzos del XVIII que hace Williams considera a este proceso histórico como un momento de convergencia entre formas populares tradicionales y cultura masiva: “En contenido y estilo, esa prensa se desarrolló a partir de una vieja literatura popular” (Williams, 2003: 175) y continúa: “Así como los periódicos del siglo XVIII habían absorbido una parte del “interés de las revistas”, estos diarios decimonónicos hicieron suyo el atractivo del chapbook, la balada y el almanaque, y a un precio mucho más bajo” (2003: 188).

Entendemos que en algunos aspectos, sobre todo aquéllos referidos a la comunicación digital, la apropiación no está atravesada fundamentalmente por la institución medio sino, y en gran parte, por los usuarios.  Pero este tipo de movimiento y de “uso” no es un fenómeno completamente nuevo, sino que puede pensarse desde la historia del uso de los géneros y sus contenidos. 

También la historia de los medios que plantea Williams implica que las diversas prácticas sociales ancladas a las técnicas del soporte y su circulación siempre están en constante transformación, así sea en un medio prioritariamente estable como la prensa moderna. El autor trabaja las formas de recepción que se alejan del predominio de esa lectura que constituyó una opinión pública racional, con un sujeto lector que marca una distancia, sobre todo en la construcción temporal de la lectura: “Los diarios también se compraban colectivamente e incluso se leían en voz alta en los talleres, pero las tabernas y las barberías se convertían cada vez más en los principales lugares de lectura” (Williams, 2003: 189).

Ya en su abordaje sobre la televisión, Williams va a pensar en procesos que implican continuidades constitutivas entre los diferentes medios. Para las primeras décadas del XX van apareciendo vía la prensa y la radio elementos que luego va a heredar la televisión. Esos elementos son nombrados como “rasgos” por el autor y  son tres: la denominada transmisión de “difusión amplia”, es decir el broadcasting: “La difusión extendida, tal como se había desarrollado con la radio, parecía un modelo inevitable: transmisiones centrales y aparatos domésticos” (Williams, 2011: 44); el contenido articulado en forma de miscelánea, abordando “gran cantidad de temas” (2011: 64); y la forma de recepción en flujo continuo. Esta característica, plantea el autor, probablemente sea la que define a la radio y a la teledifusión como “una tecnología y como una forma cultural” (Williams, 2011: 115).

Para Williams, el análisis cultural es sobre todo el análisis de la relación entre elementos que constituyen a la totalidad. Esta propiedad del análisis y las definiciones de cultura que trabaja en La Larga Revolución son fundamentales para entender su posterior historia de los medios.

En el mencionado libro, Williams propone una revisión de la relación entre los elementos que constituyen las tres categorías de cultura. En el famoso capítulo “El análisis de la cultura” describe tres categorías generales que integran la definición de cultura. La primera de ellas es la “ideal”. Para esta categoría “la cultura es un estado o proceso de perfección humana, en términos de ciertos valores absolutos o universales” (Williams, 2003: 51). Luego está la categoría “documental”, que concibe a la cultura como “la masa de obras intelectuales e imaginativas en las que se registran de diversas maneras el pensamiento y la experiencia humana” (2003: 51). En tercer lugar está la definición “social” de la cultura. Para esta definición, cultura es “la descripción de un modo determinado de vida, que expresa ciertos significados y valores no sólo en el arte y el aprendizaje sino también en instituciones y el comportamiento ordinario” (2003: 51). Lo importante de esta clasificación que hace Williams es que cada categoría asignada a la definición de cultura implica un tipo de análisis cultural diferente: la categoría “ideal” infiere un tipo de análisis caracterizado por el “descubrimiento y la descripción, en la vida y las obras, de los valores que pueden componer un orden atemporal o hacer una referencia permanente a la condición humana universal” (2003: 51). El análisis dado en el caso de la categoría “documental” se pliega a la “actividad crítica, mediante la cual se describen y evalúan la naturaleza del pensamiento y la experiencia y los detalles del lenguaje, la forma y la convención en que estos se manifiestan” (2003, 51). Y finalmente, la definición “social” de la cultura infiere un tipo de análisis ligado con “el esclarecimiento de los significados y valores implícitos y explícitos en un modo específico de vida, una cultura específica” (2003: 51, 52). Estos tres tipos de análisis no deben ser excluyentes, sino que es necesario una postura que valore por igual a todos los elementos presentes en el análisis y se ocupe de interpretar las zonas de interrelación entre ellos.

El análisis implica también la relación continua de todos los elementos integrantes de las tres categorías de cultura que definen la organización general de un periodo determinado. Por ello, entendemos que esta noción relacional de cultura es importante para abordar la injerencia de elementos antiguos o propios de culturas audiovisuales pasadas, que implicaban otras constelaciones en lo referido a la técnica, la institución y la circulación que las formas contemporáneas de la comunicación digital. Pensar desde Williams puede implicar comprender ese proceso de aprendizaje desde una perspectiva de larga duración, donde la comunicación se implica con procesos indiciarios de adaptación y adiestramiento de los sentidos y en las formas de recuperación y descarte de elementos que constituyen el complejo ecosistema post-mass media contemporáneo.

Por Sebastián Stra. Docente investigador de la carrera de Lic. en Comunicación Social – UNR.

Bibliografía

_Carlón, M. y Scolari, C. (Comps.) (2009) El fin de los medios masivos. El comienzo de un debate. Bs. As.: La Crujía Ediciones.

_Hall, S. (2017) Estudios Culturales 1983: una historia teorética. Bs. As.: Paidós.

_Pérez Vizzon, T. (2017) “Ponele emoji a todo” en Revista Anfibia. Universidad Nacional de San Martín.  Disponible en: http://www.revistaanfibia.com/ensayo/ponele-emoji-a-todo/

_Sarlo, B. (2004) La imaginación técnica. Sueños modernos de la cultura argentina. Bs. As.: Nueva Visión.

_Varela, M. (2006) “Medios, públicos, pasados” en Revista Punto de Vista Nº 85. Bs. As.: Siglo XXI.

_Verón, E. (2013) La semiosis social, 2: Ideas, momentos, interpretantes. Bs As.: Paidós.

_Williams, R. (2003) La larga revolución. Buenos Aires: Nueva Visión.

_Williams, R. (2011) Televisión: tecnología y forma cultural. Bs. As.: Paidós.

 

[1] Se trata del libro Estudios Culturales 1983: una historia teorética de Stuart Hall, editado por Jennifer Daryl Slack y Lawrence Grossberg, y publicado en Argentina por Paidós.

[2] Ver artículo de la Revista Anfibia “Ponele emoji a todo” de Tomás Pérez Vizzon. Disponible en: http://www.revistaanfibia.com/ensayo/ponele-emoji-a-todo/

[3] Para una periodización de las etapas de los medios masivos ver: Carlón y Scolari (2009), Varela (2006) y Verón (2013).

 

         

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