Un Senado que no escuchó el reclamo mayoritario de las mujeres

Luego de una extensa vigilia frente al Congreso, con muchedumbres que vestían los pañuelos verdes, en su mayoría, y también un grupo con el color celeste como bandera, el Senado de la Nación no aprobó la Ley que despenalizaría la interrupción voluntaria del embarazo. La votación dio como resultado 31 votos a favor y 38 en contra.

Todos los ojos estuvieron sobre el Senado argentino durante casi 20 horas. Tweets de personalidades y políticos extranjeros trataban el tema en cuestión. Los manifestantes de ambos lados también resistieron con fuerza, a pesar de la lluvia y el frío, fuera del Congreso. Lo que el pueblo parecía querer no se vio representado en los distintos bloques que conforman el Senado, el cual aparentemente recibió claras intervenciones eclesiásticas en los últimos meses, apelando a todas sus cartas para que este proyecto no viera la luz.

Lo cierto es que si bien el tema no podrá ser tratado nuevamente en el Senado, al menos se logró imponerlo en la agenda mediática y que fuera un tema trascendente para el 2018 y, sobre todas las cosas, para el año entrante, un año de elecciones de todo tipo y recambio en las bancas. Tal vez esa sea la oportunidad para que el proyecto de Ley pueda ser reconsiderado.

La media sanción que había obtenido en Diputados, con 129 votos a favor y 125 en contra, se manifestaba como un derecho básico de salud donde proponía que se legalizara la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14 de gestación, y además contemplaba que la mujer podría ser atendida en todas las instituciones públicas y privadas de salud del Programa Médico Obligatorio (PMO). De esta forma, se podrían evitar los abortos clandestinos en los que una gran cantidad de mujeres pierden la vida por dicha práctica en malas condiciones.

Mientras tanto, en un laboratorio santafesino existe la primera dosis de un abortifaciente, hecho en Argentina. El misoprostol, viene en un blíster de 12 comprimidos que generan contracciones uterinas, las que conducen a un aborto de manera segura y ambulatoria.

Es interesante también poder reflexionar acerca de cómo algunos argentinos miran con admiración a los países de Europa, Asia y Estados Unidos, que funcionan supuestamente a la perfección, que no tienen inseguridad, corrupción, o problemas de crisis político-económicas pero, en esa situación avanzada en la que viven, no se suele pensar que esos países cuentan, hace años, con leyes sobre aborto legal. Por supuesto, falta mucho para que nuestra sociedad alcance dichos estándares.

Lo importante es que tras el histórico debate, las movilizaciones no bajan los brazos. Los movimientos feministas siguen fervientes en sus campañas contra la violencia de género, la inclusión de la diversidad sexual y el aborto legal, seguro y gratuito. Las discusiones en torno a este tema, e incluso aquéllas que giran sobre cómo escribir, hablar y referirse en el lenguaje, son campos de batalla del poder que están atravesando profundos y complejos cambios que no podrán resistir el advenimiento de una sociedad que intenta despegarse de rígidas tradiciones católicas y patriarcales.

Por Victoria Nannini.

 

         

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